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Dietas, portes y alquileres: los gastos que el margen echa de menos

El material se apunta y las horas se fichan, pero la dieta del montador y el alquiler de la plataforma se pagan y se olvidan. Ese agujero, multiplicado por todos los proyectos del año, es más grande de lo que parece.

Dietas, portes y alquileres: los gastos que el margen echa de menos

Tres noches de hotel, la furgoneta de alquiler porque la propia estaba en el taller, y las dietas del equipo que montó fuera durante toda una semana. Todo eso se pagó hace días. Ninguna línea de coste del proyecto lo recoge todavía.

El problema: se paga, pero no se ve

En casi todo proyecto de fabricación u obra hay tres tipos de coste real: material, horas (operaciones) y gastos. Los dos primeros suelen estar bien controlados —el material llega con albarán, las horas se fichan desde el móvil— pero el tercero se escapa con una facilidad sorprendente. Una dieta se paga en efectivo o con tarjeta de empresa. Un alquiler de maquinaria llega en una factura que administración registra... en la contabilidad general, no en el proyecto que lo generó.

El gasto existe, se ha pagado, aparece en la cuenta de resultados de la empresa. Lo único que no ha pasado es que alguien lo haya vinculado al proyecto y a la partida correctos. Y un coste que no está vinculado a su proyecto es, a efectos de calcular el margen de ese proyecto, un coste invisible.

Un ejemplo pequeño que cambia el margen

Imagina un proyecto de montaje con 8.000 € de material y 6.000 € de horas imputadas, sobre un presupuesto de 16.000 €. A primera vista el margen es de 2.000 €, un 12,5%. Pero durante el montaje el equipo estuvo fuera cuatro días: dietas, una furgoneta de alquiler y un par de noches de hotel que suman 900 €. Si esos 900 € nunca llegan a imputarse al proyecto, el margen que ves en pantalla —2.000 €— es en realidad de 1.100 €. La diferencia no es pequeña: es casi la mitad del margen real, desaparecida sin que nadie mienta ni se equivoque a propósito.

La solución: el gasto como línea de coste real, con su partida

La forma de que esto no pase es tratar el gasto exactamente igual que el material o las horas: como una línea de coste real imputada a su elemento y a su partida. No hace falta una categoría especial ni un proceso paralelo; el gasto de dietas o de alquiler de maquinaria entra en la misma comparación previsto-real que cualquier otro coste, y suma al margen bruto del proyecto donde de verdad pertenece.

Lo importante no es la herramienta contable —eso ya lo tiene resuelto cualquier empresa—, sino el hábito de preguntar, cada vez que se paga algo relacionado con un proyecto: ¿a qué elemento y a qué partida corresponde esto? Si la respuesta tarda en llegar, ese gasto se queda fuera del cálculo, y el margen que ves miente un poco sin que nadie se dé cuenta.

Los gastos que más se cuelan por este agujero suelen repetirse en todos los talleres: dietas y kilometraje del equipo desplazado, alquiler de medios auxiliares (plataformas, grúas, herramienta especial), portes de material urgente y esa compra de última hora en el proveedor de la esquina. Ninguno es raro ni difícil de imputar; simplemente no llegan con el automatismo de un albarán o un parte de horas, así que dependen de que alguien se acuerde de vincularlos.

Qué pasa si no lo haces

El efecto no se nota en un proyecto suelto: se nota cuando, al cabo del año, los proyectos que llevan más desplazamiento o más alquiler de medios auxiliares resultan sistemáticamente "más rentables" que los que se hacen en el propio taller. No lo son; simplemente sus gastos se cuelan menos en el cálculo. Y con ese dato torcido, la próxima oferta a un cliente lejano se presupuesta con un margen que en la práctica no existe.

El coste no deja de existir por no apuntarlo a tiempo; solo deja de verse cuando todavía se puede corregir. Si los gastos de tus proyectos se te escapan de forma parecida, en planerpro.es/contacto te enseñamos cómo imputarlos sin añadir trabajo extra a nadie.

Por Ricardo Riobó En Costes