Incidencias, no conformidades y avisos: cómo no perder ninguno

No todo lo que sale mal en una obra es lo mismo. Meterlo todo en el mismo saco hace que lo grave se pierda entre lo trivial. Te explicamos cómo distinguirlo y organizarlo para que nada se escape.

Incidencias, no conformidades y avisos: cómo no perder ninguno

"Ha habido una incidencia." Esta frase, en una obra, puede significar cosas muy distintas: que falta un tornillo, que una soldadura no pasa el control, o que el cliente ha llamado enfadado. Tratarlas todas igual es el origen de que las importantes se traspapelen entre el ruido. Antes de gestionarlas bien, hay que nombrarlas bien.

Tres cosas distintas que solemos llamar igual

Aviso. Algo menor que hay que atender, pero que no compromete la calidad ni el plazo. "Falta silicona en una junta", "hay que reponer consumibles". Se resuelve rápido y no suele tener consecuencias más allá de sí mismo.

Incidencia. Un problema que altera el trabajo previsto: un material defectuoso, un plano que no coincide, un daño de transporte. Consume tiempo y a veces dinero, y conviene documentarlo con foto porque puede acabar en una reclamación.

No conformidad. Palabras mayores. Es un incumplimiento de un requisito de calidad: algo que, si se entrega así, no cumple lo pactado o la norma. Exige acción correctiva, verificación y, muchas veces, un registro formal para auditorías o certificaciones.

Si tu sistema no distingue estos tres niveles, la no conformidad —la más grave— acaba con la misma visibilidad que el "falta silicona". Y esa es exactamente la que no te puedes permitir perder.

Cómo organizarlos para que ninguno se escape

La receta no es complicada, pero hay que aplicarla siempre:

  1. Clasifica al abrir. En el momento de crear el registro, decide si es aviso, incidencia o no conformidad. Treinta segundos que ordenan todo lo que viene después.
  2. Un responsable, siempre. Sin dueño, nada se cierra. Ya lo contamos entre los errores clásicos de gestión de incidencias, pero merece repetirse.
  3. Un estado visible. Abierta, en curso, resuelta, verificada. De un vistazo debes saber en qué punto está cada una.
  4. Prueba gráfica. Sobre todo en incidencias y no conformidades: foto al abrir y, si aplica, foto al cerrar.
  5. Cierre verificado. Especialmente en no conformidades, no basta con "ya está". Alguien distinto de quien lo arregló debe confirmar que se cumple el requisito.

El nivel que casi nadie tiene: el coste

Aquí está el matiz que separa una gestión decente de una excelente. Cada incidencia y cada no conformidad cuesta: horas de rehacer, material de más, a veces una subcontrata de urgencia. Si ese coste se imputa al proyecto —como cualquier otro trabajo—, aparece en el margen y puedes ver cuánto te cuestan de verdad los problemas de calidad. Si no se imputa, el sobrecoste se disuelve y nunca sabrás qué proveedor o qué fase te está sangrando.

Es la misma lógica que aplicamos a las horas fichadas desde el móvil: el dato nace en la nave y sube solo al coste.

Un beneficio que llega después

Cuando clasificas y registras bien durante un año, tienes algo valiosísimo: un histórico. Puedes mirar qué tipo de problema se repite, con qué proveedor, en qué fase. Y ahí las no conformidades dejan de ser incendios que apagar y se convierten en pistas para no volver a quemarte.

¿Tu obra mete todo en el mismo grupo de WhatsApp? Te enseñamos cómo separarlo y que nada se pierda: escríbenos a planerpro.es/contacto.

Por PlanerPRO 2 de abril de 2026 En Movilidad