Costes ·

Ese coste es de dos elementos a la vez

Un transporte que sirve a tres elementos de la misma obra no es coste de uno solo, ni hay que elegir a cuál cargárselo entero. Los repartos existen exactamente para eso.

Ese coste es de dos elementos a la vez

Un camión trae en el mismo viaje el material de tres elementos distintos de la misma obra. La factura de transporte llega una sola vez, con un solo importe. Cargarla entera al primer elemento que aparece en la lista es cómodo y está mal: infla el coste de ese elemento y deja limpios los otros dos, que se beneficiaron del mismo viaje sin pagar nada por él.

Este problema tiene nombre propio en PlanerPRO: reparto. Un coste repartido es un coste que, en vez de pertenecer a un único elemento, se divide entre varios porque varios se han beneficiado de él.

Coste propio y coste repartido no son lo mismo

Todo elemento de un proyecto acumula dos tipos de coste. El propio es el que pertenece solo a ese elemento: el material comprado específicamente para él, las horas de un operario que ha trabajado únicamente en esa pieza. El repartido es el que se genera pensando en varios elementos a la vez y que no tiene sentido asignar por completo a ninguno: un transporte conjunto, una grúa compartida para izar varias piezas en la misma maniobra, horas de ingeniería general que sirven al conjunto de la obra y no a una parte concreta de ella.

Confundir los dos tipos —o, lo que es más habitual, cargar todo lo compartido al primer elemento que toca gestionar— distorsiona el coste real de cada uno. El elemento que "cargó" con el transporte parece más caro de lo que es; los otros dos parecen más baratos de lo que son. Ningún elemento por separado dice la verdad, aunque el proyecto entero, sumado, sí cuadre.

Cómo se ve cada elemento con lo suyo

Un reparto asigna una parte del coste común a cada elemento que corresponde, según el criterio que tenga sentido en cada caso —a partes iguales, proporcional al peso, proporcional al importe de cada elemento, lo que encaje con la naturaleza del coste que se reparte—. El resultado es que cada elemento muestra su coste propio más su parte del repartido, y el proyecto en su conjunto muestra el total sin que nada se cuente dos veces ni se pierda por el camino.

Esto importa especialmente porque, como se explica en un proyecto es un árbol, no una lista, el proyecto raíz agrega lo que hay debajo, y esa agregación solo es correcta si cada coste común se ha repartido una vez entre quien corresponde, no si se ha duplicado sumándolo entero en cada elemento que participó del mismo gasto.

El caso más habitual: costes generales de obra

El ejemplo más frecuente de reparto no es el transporte puntual, es el conjunto de costes generales que sirven a toda una obra a la vez: la grúa que se alquila para toda la duración de los trabajos, la caseta de obra, la supervisión técnica que no factura por elemento sino por el conjunto. Repartir bien estos costes generales entre las partidas y elementos que realmente se benefician de ellos es un tema lo bastante importante como para tratarlo aparte, en cómo repartir los costes generales de una obra entre sus partidas: la lógica de fondo es la misma que un reparto de transporte entre tres elementos, solo que a mayor escala y con más dinero en juego.

Sin reparto, alguien paga lo que no le toca

La consecuencia práctica de no repartir bien un coste común es sutil pero real: un elemento parece dar mal margen cuando en realidad el problema es que está pagando el transporte de otros dos. Si ese elemento corresponde a un tipo de trabajo que luego se usa para comparar precios con otro proyecto —tal y como se hace al comparar tipos de proyecto—, la comparación sale mal desde el origen, no porque el trabajo cueste distinto, sino porque el reparto nunca se hizo.

Cuando los repartos de tu taller se resuelven a ojo, o cargando al primero que pilla, alguien paga de más sin saberlo. En planerpro.es/contacto te enseñamos cómo hacerlo con datos, elemento por elemento.

Por Ricardo Riobó En Costes