340 euros. Es lo que costó, entre material tirado y horas de un oficial de segunda repasando una pieza, una incidencia que en su día se describió como "acabado superficial, sin mayor importancia". Nadie discutió el importe cuando se cerró el caso. Lo que nadie hizo fue sumarla a las otras dieciocho incidencias parecidas del año y mirar el total junto.
Dos cifras, no una
Toda incidencia en PlanerPRO admite un coste estimado —el que se apunta al abrirla, casi siempre a ojo, con la información que hay en ese momento— y un coste real, el que se conoce cuando el caso se cierra y ya se sabe cuánto material se ha tirado, cuántas horas ha llevado el repaso y si ha habido que compensar de alguna forma al cliente. Las dos cifras casi nunca coinciden, y la diferencia entre ellas cuenta una historia por sí sola: si el real es sistemáticamente mayor que el estimado, la empresa lleva tiempo subestimando lo que le cuesta un fallo.
Esto no es un matiz contable. El coste estimado sirve para decidir rápido —¿merece la pena parar la máquina ahora mismo o se puede seguir y corregir luego?—; el coste real es el que de verdad debería entrar en la cuenta del proyecto. Confundir uno con el otro, o no registrar el segundo porque "ya se cerró el tema", es la forma más común de perder de vista cuánto cuesta de verdad la no calidad.
Las horas de repaso no son horas de fabricar
Aquí hay una trampa habitual: el operario que repasa una pieza mal hecha ficha esas horas igual que ficha las de fabricar la siguiente, y todas caen en el mismo saco de "horas reales del proyecto". El proyecto parece haber costado lo previsto en horas, cuando en realidad una parte de ellas no ha producido nada vendible: ha corregido algo que ya se había pagado una vez.
Separar las horas de repaso de las horas de trabajo bueno, aunque sea con una etiqueta o un parte distinto, es lo único que permite responder a una pregunta incómoda: ¿cuántas horas del taller se van cada mes en rehacer lo que ya se había hecho? Para la mayoría de talleres que no lo miden, la respuesta cuando por fin se calcula suele ser más alta de lo esperado, no porque haya mala praxis, sino porque nadie había puesto números encima.
Sumar el año, no el caso suelto
Una incidencia de 340 euros no preocupa a nadie. Diecinueve incidencias con una media de 310 euros en doce meses son casi 6.000 euros, y ese número sí que cambia la conversación en la próxima reunión. La diferencia entre mirar caso a caso y mirar el acumulado del año es la diferencia entre gestionar la no calidad y simplemente sufrirla.
Esto es exactamente lo que permiten ver las partidas acumuladas aplicadas al coste de incidencias: sumar entre proyectos y por rango de fechas, no solo dentro del proyecto donde ocurrió cada una. Ya no es "esta incidencia costó 340 euros", es "la no calidad nos ha costado 5.890 euros este año, y el 60% viene del mismo tipo de defecto" — lo que enlaza directamente con la idea de que, si el defecto se repite, hay una causa raíz sin resolver detrás, como explicamos en la incidencia que vuelve cada mes tiene una causa raíz.
Antes de que la cifra te sorprenda a ti
La mayoría de responsables de taller podrían dar una cifra aproximada de cuánto material se ha tirado este mes. Muy pocos podrían dar la cifra del año completo, con horas de repaso incluidas y sin redondear a la baja por costumbre. Esa cifra existe, esté o no calculada. La única pregunta es si prefieres conocerla en una pantalla o descubrirla el día que alguien revisa los márgenes del año y pregunta por qué no cuadran.
Pon esa cifra delante de tus propios datos, no de un ejemplo: en planerpro.es/contacto te enseñamos cómo verla en tu cuadro de mando.